La especialidad, en simple
El fonoaudiólogo trabaja con todo lo que tiene que ver con comunicarse y tragar: hablar, entender, leer, usar la voz, escuchar y deglutir sin riesgo. No es una consulta solo para niños: acompaña a la persona en todo el ciclo de vida.
En niños, niñas y adolescentes
- Niños que hablan poco o se les entiende poco para su edad.
- Retraso y trastorno del lenguaje.
- Dificultad para pronunciar algunos sonidos, incluida la apraxia del habla infantil.
- Trastornos del Espectro Autista y del neurodesarrollo: apoyo a la comunicación y desarrollo de habilidades.
- Tartamudez.
- Dificultades para alimentarse y tragar.
- Atención temprana en los primeros años.
En adultos y adultos mayores
- Después de un accidente cerebrovascular: recuperar el habla, la comprensión y la comunicación. Cuando lo que falla es encontrar o entender las palabras se llama afasia; cuando cuesta articular, apraxia del habla o disartria. Las tres se rehabilitan.
- Dificultades para concentrarse, recordar o seguir una conversación después de un daño neurológico: son las alteraciones cognitivo-comunicativas, y también se trabajan.
- Enfermedad de Parkinson y otras condiciones neurológicas: voz débil, habla poco clara, dificultad para tragar.
- Demencias: sostener la comunicación el mayor tiempo posible y orientar a la familia.
- Disfagia: cuando tragar cuesta o produce atoros. Es más frecuente de lo que se cree en personas mayores y puede derivar en desnutrición o en neumonías por aspiración, pero se evalúa y se trata.
- Trastornos de la voz: ronquera, voz que se cansa o se pierde, sobre todo en quienes trabajan hablando.
En cualquier edad: la motricidad orofacial
Es cómo funcionan los labios, la lengua, el paladar y la mandíbula. Cuando algo ahí no trabaja bien, se nota en el habla, en la masticación y en la deglución. Se evalúa y se trata en niños, en adultos y en personas mayores por igual.
Señales para pedir hora
En un niño
- Si a los dos años dice muy pocas palabras o no junta dos.
- Si a los cuatro años cuesta entenderle cuando habla.
- Si tartamudea y le molesta o lo evita.
- Si le cuesta comer, se atora o rechaza texturas.
En un adulto o adulto mayor
- Si después de un ACV le cuesta hablar o encontrar las palabras.
- Si se atora al comer o beber, o tose durante las comidas.
- Si la voz se pone ronca o se cansa por más de dos semanas.
- Si la familia nota que habla más bajo, más lento o menos claro que antes.
Todo en el mismo lugar
Trabajamos junto a neurología, neurología infantil, otorrinolaringología y pediatría.
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